La Demencia Vascular es un tipo de demencia subcortical caracterizada por el deterioro cognitivo causado por el padecimiento de una serie de interrupciones o bloqueos del flujo sanguíneo cerebral (accidentes cerebrovasculares). Puede ser producida por un solo accidente cerebrovascular o varios de ellos.

Es el segundo tipo de demencia más frecuente tras la enfermedad de Alzheimer, constituyendo el 20% de todos los cuadros demenciales.

Dentro de los factores de riesgo relacionados con el padecimiento de una demencia vascular encontramos:

Diabetes Mellitus

Hipertensión Arterial

Dislipemia

Hábito tabáquico

Arterioesclerosis

Patología cardiaca

Accidentes cerebrovasculares previos

A diferencia del resto de tipos de demencias en los que la instauración del cuadro clínico suele ser insidioso, en la demencia vascular los síntomas pueden comenzar bruscamente tras un accidente cerebrovascular.

Las manifestaciones clínicas dependen de la ubicación y el tamaño de la lesión cerebrovascular. De este modo, puede afectar a una o varias funciones cognitivas específicas (memoria, atención, lenguaje, escritura, pensamiento…). Son típicas las alteraciones conductuales y la fluctuación rápida de los síntomas

Es bastante frecuente la aparición simultánea de la demencia vascular con la enfermedad de Alzheimer.

El abordaje clínico de este tipo de cuadro demencial lo suele realizar un equipo multidisciplinar formado habitualmente por un neurólogo y un psiquiatra. En un número relevante de ocasiones la intervención del psicólogo clínico y un terapeuta ocupacional puede ser clave.

Para intentar alcanzar su diagnóstico, es necesario llevar a cabo una exploración exhaustiva psicopatológica, física y neurológica, además de profundizar en los antecedentes personales y familiares. Suele ser necesaria la realización de diversas pruebas complementarias como analíticas sanguíneas y pruebas de imagen cerebral (TAC o Resonancia Magnética). También es frecuente el uso de pruebas neuropsicológicas para la evaluación de las funciones cognitivas.

En lo que respecta al tratamiento, es fundamental abordar la causa, por ejemplo, la dislipemia o la diabetes. Además se suele añadir psicofarmacoterapia (neurolépticos, antidepresivos…), psicoterapia (destacando la psicoeducación tanto a nivel individual como familiar) y terapia ocupacional acorde a las peculiaridades de cada paciente.

Obtener buenos resultados en el tratamiento de la demencia vascular, aunque no es curativo, es clave al influir sobremanera en el mantenimiento de la función mental por más tiempo, el control de las alteraciones conductuales y el retraso de la evolución de la enfermedad.

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