La esquizofrenia, llamada antiguamente demencia precoz, es un trastorno mental grave que afecta el pensamiento, sentimiento y comportamiento del que lo padece. Los pacientes con esquizofrenia llegan a perder el contacto con la realidad, lo que crea una importante angustia al que lo padece, sus familiares y amistades.

Los síntomas de la esquizofrenia suelen comenzar entre los 16 y 30 años. Los hombres a menudo desarrollan síntomas a una edad más temprana que las mujeres. Es extraño que se desencadena antes (esquizofrenia de inicio precoz) o más tarde de los 40 años (esquizofrenia de inicio tardío). Las manifestaciones clínicas se dividen en:

SÍNTOMAS POSITIVOS: alucinaciones, ideas delirantes, comportamientos desorganizados o pensamiento divagatorio.

SÍNTOMAS NEGATIVOS: asocialización, anergia, abulia, anhedonia, aplanamiento afectivo,  pobre contacto ocular o discurso parco.

SÍNTOMAS COGNITIVOS: Dentro de ellos se incluyen problemas para el procesamiento o el uso de la información, la toma de decisiones, fallos de memoria, dificultad a nivel de la atención o para concentrarse.

Estos síntomas suelen estar precedidos por un periodo premórbido de duración variable (meses o años) en el que el sujeto sufre cambios anímicos, irritabilidad o disminución de las relaciones sociales.

Se considera que la esquizofrenia tiene un origen multifactorial, estando su desarrollo determinado por la interacción de una serie de factores que marcan la vulnerabilidad a padecerla:

Genéticos: estudios genéticos sugieren que numerosos genes incrementan el riesgo de desarrollar esquizofrenia, pero que no hay un gen específico que la desencadene.

Ambientales: pobreza, entorno estresante, exposición a virus o problemas nutricionales previos al nacimiento.

Biológicos: los síntomas psicóticos se deben a cambios en la estructura y funcionamiento cerebral, encontrándose la hiperactividad de la dopamina muy relacionada con ella.

Consumo de tóxicos: principalmente relacionada con el consumo perjudicial de cannabis, aunque también se ha visto relación con otros tóxicos como la cocaína.

Pese a que en la última versión de los manuales de clasificación de enfermedades mentales se ha suprimido esta división por falta de especificidad, históricamente se han diferenciado diversos subtipos de esquizofrenia:

ESQUIZOFRENIA PARANOIDE: es la más frecuente y se caracteriza principalmente por la presencia de ideas delirantes (de perjuicio, persecución…) y alucinaciones auditivas. Suele acompañarse de angustia, irascibilidad, retraimiento…

ESQUIZOFRENIA HEBEFRÉNICA o DESORGANIZADA: su lenguaje es incoherente y desorganizado, siendo difícil su comprensión. Destacan las alteraciones conductuales bizarras con un comportamiento también muy desorganizado. Las ideas delirantes y alucinaciones quedan en un segundo plano. Suele tener un inicio temprano y mal pronóstico.

ESQUIZOFRENIA CATATÓNICA: se caracteriza por una alteración psicomotriz (inmovilidad, actividad motora excesiva, negativismo, mutismo)y ausencia de expresión. Internamente, el paciente padece una “tormenta de ideas” que le desconectan del mundo exterior.

ESQUIZOFRENIA SIMPLE: los síntomas positivos son mínimos, destacando los síntomas negativos durante más de un año.

ESQUIZOFRENIA RESIDUAL: es propia de cuadros muy avanzados en el que el paciente está muy deteriorado, destacando los síntomas negativos.

ESQUIZOFRENIA INDIFERENCIADA: cuando no reúne los criterios clínicos de los demás tipos de esquizofrenia o presenta varios de ellos.

Los pacientes que padecen una esquizofrenia suelen ser reacios a aceptar que tienen un trastorno mental. En la mayoría de los casos, son los familiares quienes solicitan atención especializada.

El abordaje clínico de la esquizofrenia lo suele realizar un equipo multidisciplinar formado por un psiquiatra, un psicólogo clínico, un trabajador social, enfermería y un terapeuta ocupacional.

Para un correcto diagnóstico, es necesario llevar a cabo una exploración exhaustiva a nivel psicopatológico y físico, además de profundizar en los antecedentes personales y familiares. Suele ser necesaria la realización de diversas pruebas complementarias como analíticas sanguíneas, drogas de abuso en orina y pruebas de imagen cerebral (TAC o Resonancia Magnética).

En lo que respecta al tratamiento, el pilar fundamental es la psicofarmacoterapia con antipsicóticos. Estos fármacos son eficaces, por lo que es clave que el paciente adquiera consciencia de enfermedad y obtenga una buena adherencia al tratamiento para reducir el número de recaídas y alcanzar un mejor pronóstico. En este sentido, el desarrollo de los antipsicóticos inyectables de liberación prolongada en las últimas décadas ha ayudado sobremanera al permitirnos mantener al paciente bajo tratamiento con una única administración intramuscular quincenal (risperidona u olanzapina), mensual (aripiprazol o paliperidona) o, incluso, trimestralmente (paliperidona). Sin tratamiento neuroléptico, la esquizofrenia tiende a ser discapacitante y persistente.

A esta terapéutica con antipsicóticos se le debe añadir la psicoterapia (de tinte cognitivo-conductual, tanto individual como grupal) y terapia ocupacional acorde a las peculiaridades de cada paciente.

En algunos casos, en los que con esta combinación terapéutica no se obtiene la estabilización psicopatológica del paciente, se puede intentar buscar la recuperación clínica del paciente añadiendo Terapia Electroconvulsiva. Este tipo de terapia está especialmente indicada en pacientes esquizofrénicos resistentes al tratamiento farmacológico, en los pacientes con esquizofrenia catatónica, aquellos con comportamiento agresivo o suicida, y cuando se requiere una rápida mejoría global y la reducción de la sintomatología aguda.

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Si desea conocer más profundamente sobre la esquizofrenia, le recomendamos la lectura del siguiente folleto divulgativo:

ESQUIZOFRENIA

Documento realizado por el National Institute of Mental Health (NIMH) en el que se informa sobre lo que es la esquizofrenia, sus causas, signos y síntomas y tratamiento.


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