La persona que padece un Trastorno Antisocial de la Personalidad presenta de forma vitalicia un patrón inflexible de pensamientos y comportamientos caracterizado principalmente por la manipulación, explotación o violación de las leyes y los derechos de otros sin ningún remordimiento.

Estos comportamientos suelen traerles problemas en los distintos aspectos de su vida, presentando comúnmente conflictos legales tras conductas delictivas. Por ello, es frecuente encontrar internos en centros penitenciarios con este diagnóstico.

Pese a que su afectividad es fría y carente de empatía, estos individuos pueden actuar jovialmente, resultando en un primer contacto “encantadores”, con la finalidad de manipular las emociones de los demás y así conseguir que otros trabajen o incluso delincan en su beneficio.

Esta clínica suele alcanzar su punto máximo en los últimos años de la adolescencia o primeros años de la adultez, siendo más frecuente en varones. El maltrato a los animales o la piromanía en la infancia son manifestaciones vinculadas con una personalidad antisocial en la adultez.

Es común la coexistencia de cuadros ansioso-depresivos o de consumo perjudicial de diversos tóxicos (alcohol, cocaína, heroína, cannabis…)a lo largo de su evolución. También suelen haber presentado trastornos conductuales en la infancia caracterizados por conductas marginales presididas por la violencia y la impulsividad.

La causa de esta caracteriopatía es desconocida, aunque parece que factores genéticos y ambientales (maltrato infantil, padres antisociales o alcohólicos…)están relacionados en su etiología.

A nivel terapéutico, el trastorno antisocial de la personalidad es una de las entidades clínicas más difíciles de tratar. Esto se debe a la mínima conciencia de enfermedad del que lo padece. Cuando acceden a recibir tratamiento (o un juez lo manda), la psicoterapia conductual es la herramienta más eficaz a la hora de intentar conseguir que el paciente module sus rasgos anómalos caracteriales. Por su parte, el tratamiento psicofarmacológico es necesario cuando se asocia un cuadro ansioso-depresivo o de uso de sustancias a la caracteriopatía de base, situación que se da con cierta frecuencia.

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