El Trastorno Esquizoafectivo, antiguamente llamada psicosis marginal, es una enfermedad mental que se caracteriza por episodios recurrentes de alteraciones relevantes afectivas (depresión, hipomanía o manía) y psicosis, afectando a la noción de la realidad y las propias emociones de forma episódica, con periodos de mejoría y recaídas. Para llegar al diagnóstico, los síntomas de alteración del estado de ánimo deben existir durante un período significativo de la duración total de la enfermedad.

Es un trastorno más prevalente de lo que se piensa, afectando a millones de personas en el mundo, principalmente mujeres.

Presenta una base biológica compleja que actualmente se continúa estudiando, ya que actualmente la causa exacta se desconoce.

Su presentación clínica es diversa en cada sujeto, apareciendo habitualmente una combinación de los siguientes episodios de forma alternativa, concurrente o concomitante:

DEPRESIÓN: tristeza vital con apatía, sentimiento de desesperanza, falta de energía, disminución de interés en relaciones sociales, disminución de apetito…

HIPOMANÍA/MANÍA: disforia, expansividad, desinhibición, irritabilidad, discurso verborreico, disminución de las horas de sueño…

PSICOSIS: con ideaciones delirantes, alucinaciones, discurso desorganizado e ilógico,

Los pacientes que padecen un trastorno esquizoafectivo suelen ser reacios a aceptar que tienen un trastorno mental. En la mayoría de los casos, son los familiares quienes solicitan atención especializada.

El abordaje clínico del trastorno esquizoafectivo lo suele realizar un equipo multidisciplinar formado por un psiquiatra, un psicólogo clínico, un trabajador social, enfermería y un terapeuta ocupacional.

Es complejo su diagnóstico diferencial con el trastorno afectivo bipolar ya que también se combinan síntomas psicóticos y afectivos asiduamente. Para un correcto diagnóstico de un trastorno esquizoafectivo, es necesario llevar a cabo una exploración exhaustiva a nivel psicopatológico y físico, además de profundizar en los antecedentes personales y familiares. Suele ser necesaria la realización de diversas pruebas complementarias como analíticas sanguíneas, drogas de abuso en orina y pruebas de imagen cerebral (TAC o Resonancia Magnética).

En lo que respecta al tratamiento, el pilar fundamental es la psicofarmacoterapia (los neurolépticos, antidepresivos y estabilizadores del ánimo son los fármacos más usados).

A esta terapéutica con psicofármacos se le debe añadir la psicoterapia (tanto individual como grupal) y terapia ocupacional acorde a las peculiaridades de cada paciente.

En los casos más graves, en los que con esta combinación terapéutica no se obtiene la estabilización psicopatológica del paciente, es habitualmente necesario el tratamiento con Terapia Electroconvulsiva para poder alcanzar la recuperación clínica del paciente.

El pronóstico de estos pacientes suele ser mejor que el del resto de trastornos psicóticos, retomando con frecuencia su nivel previo de funcionalidad.

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