Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son un grupo de trastornos complejos del desarrollo neurológico que se manifiesta normalmente antes de los 3 primeros años de vida, afecta a la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso y puede estar presente durante toda la vida del sujeto.

Se estima que ocurre en 1 de cada 68 individuos, siendo más frecuente en los niños que en las niñas. Es más común en niños prematuros. En las últimas décadas esta prevalencia está aumentando.

Esta entidad clínica se suele manifestar principalmente por:

Una dificultad importante en las habilidades comunicativas y la interacción social. Es común que tengan problemas para hablar con terceros, entender el lenguaje no verbal, captar bromas, jugar con otros niños o mantener el contacto ocular.

Intereses restringidos y conductas repetitivas. Es frecuente que pasen mucho tiempo ordenando cosas, repitiendo la misma frase o que muestren una resistencia importante a cualquier cambio de rutina.

Además, pueden aparecer otros síntomas en función de la gravedad del paciente, siendo frecuente los movimientos repetitivos del cuerpo (sacudimiento de la mano o balanceo del cuerpo) o que los padres refieran que el paciente “está aislado en su mundo”. En los casos más leves, es posible que el cuadro pase desapercibido.

Las manifestaciones clínicas que ocurren a edad muy temprana y que requieren atención por un profesional de forma preferente incluyen:

No balbucear ni señalar a la edad de 1 año.

No decir ninguna palabra a los 16 meses y no formar frases de dos palabras a los 2 años.

No responder a su nombre.

Pérdida del lenguaje o las habilidades sociales que ya tenía.

Contacto visual inadecuado.

Excesiva colocación en fila de juguetes o de objetos.

No sonreír ni responder socialmente.

Los indicadores tardíos incluyen:

Deterioro de la capacidad para hacer amistad con sus compañeros o para iniciar o sostener una conversación con otros.

Falta o deterioro de juego imaginario y social.

Uso repetitivo o inusual del lenguaje.

Interés anormalmente intenso o enfocado.

Preocupación con ciertos objetos o temas.

Adherencia inflexible a las rutinas o a los rituales específicos.

Cuando un paciente es diagnosticado de TEA, es necesario hacer un despistaje de otras patologías que se suelen asociar al TEA:

Discapacidad intelectual (razonamiento y memoria).

Trastornos del lenguaje.

Trastornos orgánicos o genéticos (epilepsia, síndrome X frágil, esclerosis tuberosa…). Aproximadamente el 10% de niños con autismo tienen un trastorno genético, neurológico o metabólico asociado.

Trastorno de ansiedad: el 29% de los niños con TEA presentan comórbidamente un trastorno de ansiedad.

TDAH: el 28% de los niños con TEA presentan comórbidamente TDAH aproximadamente.

Hasta 2013, se distinguían 4 tipos de autismo (trastorno autista, Síndrome Asperger, Trastorno desintegrativo de la infancia y trastorno generalizado del desarrollo no especificado). Sin embargo, desde la última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) todos ellos quedan englobados bajo el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista, abarcando la amplia gama de síntomas, habilidades y grados de discapacidad funcional que se pueden presentar en las personas con trastornos del espectro autista.

No se conoce la causa del TEA, aunque los diversos estudios de relevancia realizados al respecto concluyen que tanto la genética como los factores ambientales juegan un papel importante en su aparición. Por el contrario, en la actualidad no hay evidencia científica de que las vacunas o ningún material usado para fabricar o preservar las vacunas causen TEA o contribuya al mismo.

En la actualidad, no existe un tratamiento estandarizado para el TEA. Normalmente, se tiende a realizar un tratamiento integral por varios profesionales (psiquiatra, psicólogo, neurólogo y un fonoaudiólogo) en el que se incluyen psicoterapia (intervenciones conductuales educativas) y/o psicofarmacoterapia (los neurolépticos se usan para tratar las alteraciones conductuales graves y los anticonvulsivantes cuando se asocia la epilepsia). En lo que sí hay evidencia es que cuanto antes se comience este tratamiento, mayores son las probabilidades de obtener unos resultados terapéuticos positivos con un mejor pronóstico para el paciente. Para muchos niños, los síntomas mejoran con la edad y con un tratamiento correcto. Sin embargo, las personas con TEA por lo general siguen necesitando servicios y apoyo a medida que envejecen, pero dependiendo de la gravedad del trastorno, estas personas pueden trabajar exitosamente y vivir independientes o dentro de un entorno en el que reciben apoyo.

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Si desea conocer más profundamente sobre los Trastornos del Espectro Autista, le recomendamos la lectura de los siguientes folletos divulgativos:

TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA

Descripción de los TEA en niño y adulto, así como sus causas, manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento.


TRATAMIENTOS PARA NIÑOS CON TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA

Documento publicado en 2014 por la Agency for Healthcare Research and Quality norteamericana cuyo principal objetivo es explicar la naturaleza del autismo y hacer una comparativa entre las distintas alternativas terapéuticas para dicho trastorno.


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